Heroes de Leyenda: Introducción

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Madre, tengo miedo. Ayer ví al Prior del templo lanzando una flecha a un sospechoso de ser Demonio, esto no sería preocupante, si no fuera porque no tenía arco ni flechas en las manos, apareció de la nada. Pero yo lo ví, allí donde nada había surgió la saeta volando hacia el prisionero. Supongo que será un milagro, pero en aquel momento no sentí reverencia, sino puro terror.

¿Me he equivocado al escoger el camino? No veo rectitud ni pureza, ni obras al servicio de la grandeza de Arón, sagrado sea. Tan solo veo perfidia y malevolencia desde que estoy como escriba del Prior Calin. Lo he visto amenazar al Barón Inghan Andrewe II con acusar a su hija de ser un demonio si no cedía a la petición de que la guardia del castillo fuera sustituida por Templarios de Arón. Ahora el Barón parece un prisionero en su propio hogar, y Calin se pasea por allí como si fuera dueño de todo. A efectos prácticos, lo es.

Ayer ví como quemaban a cinco hombres y a tres mujeres en la plaza del pueblo. Una de las mujeres meses antes había estado con Calin, y sospecho que estaba embarazada. No quiero pensar mal, pero es demasiado fácil ¿Si Arón es tan poderoso porqué permite esto? ¿Acaso sus enseñanzas de bondad no sirven cuando de esparcir su palabra se trata? Estoy pensando en cambiarme de culto, quizás a Horel, que por lo que he visto al menos ayuda a los campesinos en lugar de amenazar nobles.

Aunque queda poco de Horel en este feudo ya, poco a poco han ido muriendo misteriosamente. Además, el Prior no es un hombre que permita que la gente lo rechace, seguramente me quemaría en la hoguera.

Quizás me ayude Lord Harry, el hijo segundo de Inghan. Dice que quiere viajar hacia el Oeste, para pelear en la Cruzada contra el Ejercito Oscuro que domina en Ostersea. Quizás me escape y me una con él a mitad de camino.

Madre, descansa en el Reino de la Luz, tu hija que te quiere mucho: Maud Codington.

Prólogo

Bienvenido a Héroes de Leyenda, un lugar lleno de aventuras y peligros, donde los Señores Feudales dominan con puño de hierro y las iglesias les siguen el juego, por ahora. Un lugar donde los mercenarios sobreviven a duras penas, y los campesinos tienen pocas esperanzas. Un lugar donde los Demonios y la Magia son de verdad.

El año es el 1.132 y hace diez que empezaron a aparecer Demonios, antes mitos y ahora realidades; nadie sabe con seguridad de donde vinieron, pero nadie niega que estén aquí. Las Iglesias, a raíz de dicho acontecimiento, han ganado un poder terrible con la fundación de la Inquisición y las Ordenes Templarias, las cuales se encargan de cazar Demonios y purificarlos con fuego.

Lo único que frena a Las Iglesias son sus luchas internas y entre sí; una lucha avivada por parte de los nobles, manteniendo así su poder y evitando que una Iglesia domine sobre las demás. Aún y así, en ciertas zonas la Iglesia ya es un poder superior a los nobles y esto está provocando importantes cambios. Un Arzobispo puede tener bajo su yugo a un Duque y haber expulsado de su zona al resto de Iglesias. La lucha entre Iglesias es una guerra cruenta y sin cuartel que se libra en las sombras.

Para entender a Las Iglesias, baste comprender su política hacia la magia. Si un hombre es capaz de hacer magia, existen dos opciones: Si trabaja para la Iglesia es un Santo y dicha magia no es sino en realidad milagros otorgados por su Dios; o es un demonio disfrazado de hombre. No hay más opciones. O estás con ellos, o contra ellos. Y si estás contra ellos te quemarán en la plaza del pueblo.

Los magos que han descubierto sus poderes jamás lo predican e intentan ocultarlo lo máximo posible, habiéndose creado en poco tiempo tres o cuatro Colegios de Magos, ocultos y con negocios que sirvan de tapadera. Dichos Colegios, además, tienen varias tendencias, desde las que se preparan para una guerra venidera, como la Academia Vaughan, hasta las que se encierran y solo quieren comprender la magia en sí, su origen y su potencial, como el Colegio Morley.

Este es el mundo, en definitiva, de Héroes de Leyenda. Un mundo en el que tendrás que enfrentarte con demonios, un mundo donde las intrigas políticas que están a la orden del día te envolverán y atraparán, y donde hay un universo oculto a los ojos del pueblo llano que podrás descubrir.

Y dicen que del Hielo del Norte vienen ejercitos oscuros, y de las profundidades de la Tierra han surgido Dragones. Nadie sabe qué está pasando, pero el cambio es inminente.

Historia del Mundo

Dicen las crónicas que el primer hombre salió del mar, y en la tierra sembró su semilla. Así el mar es el padre, y la tierra la madre. Somos hijos de la naturaleza. Esta es la parte eminentemente práctica de los orígenes, y el resto en aras de la ciencia cronista puede ser relevado a un segundo plano.

Tras el nacimiento, el ser humano creció, se expandió y vivió de forma primitiva. Aún hoy estos primeros seres siguen entre nosotros, son Los Salvajes y están en zonas ignotas, o en las profundidades de la tierra, alejados de la civilización. Son el eslabón que nos recuerda nuestros gateos iniciales.

A posteriori, comenzó lo que es la Historia en sí, los registros escritos, las crónicas. Todo lo anterior es desechable por no estar debidamente recogido. Dichas memorias comienzan en las antiguas tierras de Naubea. Región que ha perdido el nombre para ser una amalgama de feudos y dejar olvidado en la historia cuales fueron sus dominios y sus fronteras. Ahora Naubea queda como nombre y como restos hallados rara vez, pero nadie sabe ya donde estaba. Pero sí nos dejó los primeros pergaminos, que aún hoy se conservan y estudian.

Naubea, según lo que sabemos, fue la primera civilización que empezó a comerciar, a fundar religiones, a hacer estudios filosóficos. Un lugar mítico del que aún hoy no sabemos que parte es leyenda, y que parte realidad.

Como iba diciendo antes de desviarme, en Naubea comenzó a escribirse nuestra historia, fueron los Huros Naubeanos los que en pergaminos comenzaron a escribir las leyes del primer regente conocido, el Alto Monarca Ahrim Cadashal II, lo cual nos lleva a la idea de que existió uno anterior, aunque es parte de las incongruencias de la historia: se puede suponer, pero no probar. Quizás el propio Ahrim borró de la faz de la tierra cualquier legado de su predecesor.

La historia podría describirse en épocas, las cuales enumeraré una por una: la Era Salvaje, la Era Naubeana, la Era del Hielo, la era del Hierro, la era de los Mares y por fin, la actual era de los Caballeros.

Las dos primeras ya han sido comentadas, a estas siguió la del Hielo, en la que toda la faz de la tierra se heló y el hombre sobrevivió a duras penas, escondido en cavernas, en remotos parajes protegidos naturalmente y sobre todo, las fortalezas de las montañas, en las que grandes ciudades se construyeron literalmente dentro de estas. Poco queda de dichas ciudades, ya que la gran mayoría de montañas acabaron derrumbadas a lo largo de los siglos.

La del Hierro fue la gran expansión, una vez se marchó el frío el hombre volvió al exterior, y comenzó a construir lo que hoy serían los Grandes Reinos Tempranos, que se iniciaron con las Grandes Guerras Tempranas y que provocó la casi total aniquilación de regiones completas. Al final dos Imperios dominaban sobre todos los demás: La república de Ancara, y el Imperio de Hamesto. Pero antes de que se produjera el estallido final, empezó la siguiente era.

La era de los mares fue, en realidad, la era del comercio. Pero fue llamada así porque comenzó con el descubrimiento de nuevas tierras que llevó a los Reinos a su conquista, dejando en el olvido zonas que ya tenían controladas y que los comerciantes comenzaron a dominar con sus rutas y edificios establecidos. La apertura de fronteras y la perdida de poder al desviar todos sus fondos y recursos a conquistar las islas derivaron en el desmembramiento y en la Guerra de los Caballeros.

Los comerciantes, hijos de grandes y acaudaladas familias, tras casi un siglo entero de preparación y estudio, consiguieron los recursos para destrozar los Reinos Tempranos. Nos trajeron el orden y la libertad de hoy en día, haciendo pequeñas reparticiones al quedarse cada uno con pequeños trozos de tierra, lo que llamamos Feudos.

Así existe el equilibrio, entre caballeros y damas, y a su vez de ellos a nosotros.

Aunque... y esto lo negaré ante mis colegas, hay rumores de que está comenzando una nueva era. La era de la Leyenda, con no ya Demonios surgiendo de los Abismos, sino ejercitos enteros de extrañas criaturas y Magia creciendo entre los hombres. Y esto, amigos mios, de ser cierto sería un cambio no solo en la historia del Hombre, sino en la de las leyes de la ciencia que siempre creímos cierta.

Alex Haye, Cronista del Duque Reynard Langstone I

De Dioses, hombres y demonios

En el principio del tiempo el suelo tembló,
los mares rompieron la tierra en pedazos
y los cielos lloraron fuego.
De las cenizas dejadas por las lágrimas
se alzó la vida en su magnificencia,
y los dioses estuvieron satisfechos.

Era el comienzo de esta bonita historia, que además de simpleza y sencillez, provoca oleadas de sensaciones de grandeza. los Dioses se sentían orgullosos. Pero esto duró poco, las criaturas crecieron y los dioses se aburrían. Debe ser aburrido estar todo el día viendo animales durante miles y miles de años.

Y claro, como se aburrían, no se les ocurrió otra cosa que crear al hombre, y hacerle regalos como la creación del fuego o la rueda. Y por supuesto las armas, con esto sí que se lo pasaron de muerte.

Fue entonces cuando empezaron las batallitas, en esa especie de ajedrez gigante que son los reinos. A veces hacen partidillas, que involucran unos guardias de patrulla y unos bandidos, y otras grandes bacanales de sangre y destrucción que implican múltiples reinos, con traiciones, amor y odio de por medio.

Y de eso va la vida, nuestro juego, de estar casi siempre en medio de esas partidas que a los dioses les da por jugar. Ya se sabe que los Dioses siempre tienen sus piezas favoritas y no las dejan tranquilas hasta que se les rompen.

Así que recuerda que tienes dos opciones: o jugar las partidas, o dejar que los Dioses te olviden en un rincón y pasar sin pena ni gloria.

Yo escribo libros y me paseo por las cortes más influyentes como un caprichoso. Soy una pieza de las que se mueven sin descanso ni obstáculo que me detenga, o eso me gusta creer.

El Origen del hombre - Padre Antony Vass, 1029


Al principio fue el hombre, y éste creo los Dioses.

Contrariamente a lo que la gente piensa, fue el hombre y el resto de criaturas pensantes quienes creamos los Dioses con la fuerza de nuestras ideas. Es la magia de la mente colectiva quien crea las superentidades.

Este concepto, es bastante fácil de entender, a mayor creencia en un Dios, mayor fuerza se le da a éste. De tal modo es posible matar a un Dios simplemente dejando de creer en él.

¿Acaso pensaban que la gente guerrea por gusto? Está fuertemente imprimado en el espíritu del ser humano que nos matemos y luchemos unos con otros, pidiendo ayuda e inspiración a los Altísimos, para así darles más poder.

Por supuesto que se pondrán de nuestro lado en la guerra, pero enfrente suelen tener un enemigo que hace exactamente lo mismo.

¿Qué significa esto? Que el reino con el ejercito más poderoso suele ganar, ya que su Dios tiene más fieles. A veces hay despistes, o quizás otros Dioses se meten por medio para desnivelar un poco la balanza. Pero no es lo normal.

Esto, nos deja en una posición clarísima respecto a la Divinidad. El ser humano forja su propia fuerza y destino bajo un poderoso estandarte, pero nunca, jamás, olvida que su Dios le protege. Es un pacto entre caballeros, del que ambos salen ganando.

El Origen de los dioses - Padre Antony Vass, 1030


¿Qué fue primero, el hombre o los Dioses?

A esta pregunta no existe respuesta. Los Dioses crearon todo, y los hombres crearon a los Dioses. Es parte del misterio de la naturaleza.

Y de todas formas, no es una pregunta importante, la pregunta más importante que debes hacerte es:

¿Quién creó a los Demonios?

Ésta sí la puedo responder, los Demonios son los miedos huidos de la humanidad, así como los Dioses son nuestros anhelos y esperanza, ellos son las pesadillas escapadas en la noche y hechas carne (o lo que sea) en la tierra.

Los Dioses han visto como los Demonios azotan la humanidad, y les parece perfecto. A más Demonios más fé, a más poder más Fuerza dan a sus fieles, y mientras más fuerza tengan sus fieles más demonios morirán. El perro que se muerde la cola.

De todos modos, os aseguro que sale más a cuenta matarlos, que ignorarlos. Nadie quiere enfadar a los Dioses, y sobre todo, nadie quiere que lo maten de noche cuando sale a hacer sus necesidades. Es una muerte poco digna.

¿Qué fue primero? - Padre Antony Vass, 1030


La magia o la brujería es un cuento para niños. Es querer jugar a ser Dioses. La Iglesia no acepta la magia ni la brujería. Ni la Iglesia, ni el sentido común. El ser humano no puede ser un Dios, y las supersticiones os hacen perder el rumbo.

Es como desvincular los Demonios de los Dioses, una solemne y somera estupidez. Las fuerzas del bien son divinas, y las del mal demoníacas. La magia no tiene cabida. Si un hombre es mago o brujo, no es otra cosa que un demonio, y los Nobles deberían darnos todo su apoyo a la Iglesia y condenarlos a la hoguera.

Inquisidor Roger Brudenell, en una discusión en la corte de Gainward

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